El culito bien abierto de la zorra que me comí hizo que no me quedara otra más que filmar ese polvo.
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El culito bien abierto de la zorra que me comí hizo que no me quedara otra más que filmar ese polvo.

La culpa de que este video vea la luz es de esta atorranta que me cogí la otra noche en su casa. La muy perra me llevó hasta su casa después de habernos tomado unos tragos en un bar de San Miguel. Se ve que la guacha estaba desesperada por una pija bien metida en la argolla porque ni bien pusimos un pie en su casa, la zorra me llevó derechito para la habitación casi si mediar palabras. Cuando vi la tanga de guerra que llevaba puesta entendí que esa hembra en celo tenía unas ganas bárbaras de ser empomada así que me dediqué a romperle bien el culito durante toda la noche para no dejarla con las ganas.

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