Desvirgué a mi hijastra y la pendeja trola no paró de gemir como una chanchita.
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Desvirgué a mi hijastra y la pendeja trola no paró de gemir como una chanchita.

La hija de mi pareja es una pendeja atorranta que ya tiene edad suficiente como para saber lo que es bueno en la vida y tener por primera vez una pija bien metida adentro de esa conchita apretada. La mocosa malcriada hizo lo imposible porque me calentara con ella. Tanto me buscó que por fin logró lo que quería, el día en que su madre se quedó haciendo horas extras en la oficina. A la putita me la clavé con todo y me aseguré de que esa argollita quedara bien abierta después de mi paso por ahí, cosa de que aquel que me siga en la lista de garches tenga el terreno allanado después de semejante empomada a la minita.

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